El legado de Danny Chocrón: Entre el salitre de Margarita y el cloro de Hebraica

decenas de niños y niñas nadadores sonriendo y levantando los pulgares junto a una piscina olímpica al aire libre. En el centro, un hombre adulto arrodillado sostiene un micrófono y posa alegremente, rodeado por los jóvenes atletas con gorros y trajes de baño azules durante la Copa Danny Chocrón.

A veces el periodismo deportivo te obliga a armar un rompecabezas. Tienes una figura legendaria, cientos de chamos lanzándose al agua y, de repente, dos escenarios que parecen polos opuestos: el mar abierto y la piscina olímpica.

Recuerdo cuando me tocó cubrir mis primeras competencias de natación infantil; es un caos absoluto de gorros, silbatos y papás gritando en las gradas como si se estuvieran jugando el sueldo. Bueno, la Copa Danny Chocrón es exactamente eso, pero elevado a la enésima potencia. Estamos hablando del homenaje vivo al tipo que —para que a nadie se le olvide— se fue hasta Hawai en 1999 y ganó el Mundial de Aguas Abiertas nadando la brutalidad de 25 kilómetros. Ese es el nivel de respeto que impone su nombre.

Pampatar: Donde el mar te pone a prueba

Por un lado, tenemos la versión más salvaje de esta competencia. Se plantaron en la bahía de Pampatar, en Nueva Esparta, para una edición donde decidieron que los nadadores hicieran el circuito en sentido contrario a las agujas del reloj. Un toque ligeramente sádico —pero brillante— para poner a prueba la lectura de las corrientes.

Allí, las distancias no perdonan: hubo trayectos de 2 km, 3 km, 5 km, la exigente prueba olímpica de 10 km, e incluso un trazado de 7.5 km que sirvió de filtro para armar la selección venezolana rumbo a un campeonato mundial en Holanda. Nada de niñerías. Aquí el mar te desnuda técnica y mentalmente.

Hebraica: El hervidero de futuras leyendas

Pero el legado de Chocrón no solo vive tragando salitre. Luego tienes el XVII Torneo Invitacional de Natación celebrado en la piscina olímpica del CSCDR Hebraica. Entre el 13 y el 15 de noviembre, este lugar se convirtió en una auténtica olla a presión.

Más de 600 nadadores se dieron cita en este recinto. Lo curioso (y aquí uno suelta una sonrisa) es que algunas reseñas hablaban de un «torneo invitacional de aguas abiertas» en las instalaciones del club… a ver, a menos que Hebraica haya traído arena y olas artificiales a su piscina, es evidente que la adrenalina del maratón acuático a veces marea hasta a los cronistas. ¡Gajes del oficio!

En esta copa se mezclaron más de 20 clubes y academias, abarcando desde chamos de 6 añitos que apenas dan sus primeras patadas competitivas, hasta veteranos de 17 años y las incombustibles categorías Máster. Los locales de Hebraica, conocidos como los «Pechos Rojos», sacaron la casta y acumularon decenas de medallas en su casa. ¿Y cómo no emocionarse al ver que las mejores marcas técnicas del torneo se llevan a casa nada menos que el trofeo «Rafael Vidal Castro«?. Piel de gallina automática.

El semillero que no se rinde

Personalmente, lo que más me atrapa de estos eventos no son los tiempos gélidos de los cronómetros, sino la humanidad detrás de ellos. Es ver a chamos que cruzan el país, como los estudiantes del Colegio Guayamurí en Margarita, solo para medirse en la capital.

Como bien dijo una de las jovencitas competidoras, resumiendo el verdadero espíritu de todo esto: «…lo que más me ha gustado de la copa danny chocrón, es que uno se divierte mucho aquí y además tenemos un equipo grandioso…».

Al final del día, ya sea peleando contra las olas de Pampatar o contando las baldosas en la piscina de Hebraica, el mensaje es clarito: en Venezuela seguimos pariendo talento puro en el agua.

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