El PNU tembló: Así barrieron los chamos de Venezuela en los Juegos Escolares Centroamericanos 2023

Joven nadador venezolano celebrando efusivamente su victoria en la piscina del PNU durante los VI Juegos Deportivos Escolares Centroamericanos y del Caribe 2023, con las gradas llenas de público de fondo.

Si alguna vez has pisado las gradas de la piscina del Parque Naciones Unidas (PNU) en El Paraíso, sabes exactamente de lo que hablo. Ese calor húmedo que te pega en la cara apenas cruzas la puerta, el olor a cloro impregnado en el concreto y un eco ensordecedor que hace que cualquier competencia parezca la final de los Juegos Olímpicos.

Bueno, imagínate esa caldera recibiendo a delegaciones de 10 países distintos.

Durante los VI Juegos Deportivos Escolares Centroamericanos y del Caribe 2023, Caracas se convirtió en el epicentro de la natación juvenil de la región. ¿Y adivinen qué? Los visitantes vinieron de paseo, porque en el agua, los nuestros no dejaron pa’ nadie.

El dominio absoluto de los «Tritones Criollos»

Hablemos claro. Competir en la categoría de 15 a 17 años es, probablemente, el filtro más duro en la vida de un nadador. Es esa edad donde decides si la natación es tu vida, o si mejor te dedicas a ir a fiestas los fines de semana. Nuestros chamos eligieron la piscina.

La delegación venezolana impuso un dominio aplastante en el medallero de los deportes acuáticos. Fue una barrida sistemática, prueba tras prueba. Y no es una exageración patriótica: si te das una vuelta por los registros de la Federación Venezolana de Deportes Acuáticos, vas a ver cómo las marcas oficiales dejaron a más de un entrenador extranjero rascándose la cabeza.

Personalmente, ver a estos chamos destrozar sus propios tiempos personales en la piscina del PNU me genera una mezcla de orgullo y… digamos, una ligera ironía.

¿Rumbo a los Juegos o rumbo al milagro?

Por ahí estuvo rodando un reel en Instagram del Ministerio del Deporte —con sus miles de reproducciones y su musiquita épica— presumiendo la «dotación de la delegación nacional».

A ver… (suspiro).

Qué fino que les den los monos y las chaquetas tricolor para la foto de inauguración. Se ven espectaculares. Pero los que estamos metidos de cabeza en este mundo sabemos la verdad: el verdadero motor de estos «tritones criollos» no es una chaqueta institucional. Son las madrugadas de sus papás haciendo malabares para pagar las mensualidades, los trajes de baño de competencia que cuestan un ojo de la cara y la logística para llegar a entrenar a las 5:00 am.

Ese dominio abrumador que vimos en Caracas frente a otros 9 países no es producto de un sistema perfecto; es puro talento crudo, garra y entrenadores que hacen magia con lo que tienen. Esa es la mejor parte de esta historia. Ganaron porque, simplemente, le echaron más ganas que nadie.

Si fuiste uno de los que gritó desde las gradas del Paraíso viendo a estos muchachos colgarse el oro, sabes que el futuro de la natación venezolana está vivo. Respira, patalea durísimo y, por lo visto, no tiene intenciones de frenar.

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