Lismar Lyon

Dicen que volar es imposible. Yo lo hago por debajo del agua —y créeme, duele el doble—. Soy Lismar Lyon, orgullosamente guayanesa (de San Félix, para que estén claros), y mi oficina tiene 50 metros de largo.

La gente de afuera cree que romper un récord nacional te lo regalan en una caja de cereal. Sí, claro... Hace apenas unas semanas, en mayo de 2026, cuando reventé el cronómetro en Sacramento bajando a 58.90 segundos en los 100 metros mariposa, lo que nadie vio fueron las madrugadas tragando agua y el ácido láctico quemándome hasta las pestañas. Convertirme en la primera venezolana en bajar la barrera de los 59 segundos no fue un golpe de suerte; fue puro empeño, constancia y saber aguantar el chalequeo mental cuando el cuerpo te pide que pares.

En este espacio no te voy a hablar desde la teoría aburrida de un manual de los años 90. Te voy a contar en primera persona qué se siente estar parada en un taco de salida, mirar a los lados, ver a campeonas olímpicas y decir: «ok, vamos a echarle pichón». Escribo sobre la realidad del alto rendimiento actual, la verdadera psicología detrás de la competencia y cómo sobrevivir a tu entrenador sin perder la cabeza en el intento. Si quieres saber qué se siente estar en la élite latinoamericana, quédate. Estás en el lugar correcto.

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